Sello de la Logia

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Aparece en el centro en primer plano una Rosa color rosa abierta en toda su plenitud, compuesta por siete capas de siete pétalos cada una. Notable por su belleza, su forma y su perfume, la Rosa es la flor simbólica más empleada en occidente. Designa una perfección acabada. En nuestro contexto, esa perfección acabada no puede ser otra que el Adán Kadmon, el hombre regenerado, reintegrado a su estado de pureza original, ideal arquetípico que nos impulsa en nuestros trabajos.

La Rosa simboliza la copa de la vida, el Grial, el amor puro, el alma, el corazón, la trascendencia y la consciencia crística. En la iconografía cristiana simboliza por tanto la copa que recoge la sangre de Cristo, y también, la transfiguración de las gotas de esta sangre o bien las llagas de Cristo. En las letanías, la Rosa mística simboliza a la Virgen María. Angelus Silesius ve en la Rosa la imagen del alma, también la de Cristo, de quien el alma recibe la impronta. En el lenguaje de la mística cristiana aparece en el Cantar de los Cantares como la Rosa de Sarón (“Soy la flor de los llanos de Sarón, soy la Rosa de los valles.”- Primer canto, 2:1).

La Rosa y el color rosa constituyen un símbolo de regeneración por el hecho del parentesco semántico del latín rosa con ros (lluvia, rocío). La Rosa y su color, eran los símbolos del primer grado de regeneración y de iniciación a los misterios… .El asno de Apuleyo recupera la forma humana al comer una corona de rosas bermejas que le presenta el gran sacerdote de Isis. El rosal, es la imagen de lo regenerado, así como el rocío es el símbolo de la regeneración. Y la Rosa, en los textos sagrados, acompaña muy a menudo al verde, confirmando semejante interpretación. Así dice el Eclesiástico (24,14): “Me elevé… como brotes de rosas en Jericó, como un olivo magnífico en la llanura”. El olivo está consagrado a Atenea - la diosa de los ojos garzos - que nació en Rodas, la “isla de las Rosas”: lo que sugiere los misterios de la iniciación. Y los rosales estaban consagrados a Afrodita al mismo tiempo que a Atenea. La Rosa era entre los griegos una flor blanca, pero cuando Adonis, protegido de Afrodita, es herido de muerte, la diosa corre hacia él, se pincha en una espina y la sangre tiñe las rosas que le estaban consagradas.

El hecho de que la Rosa tenga siete capas de siete pétalos complementa su simbolismo con el del número siete (4+3: tierra y cielo) indicando dinamismo, ciclo acabado y vida eterna. Siete son los peldaños que conducen al candidato a la iniciación masónica desde el mundo profano a la perfección de la maestría. Siete años cumplidos es por tanto la edad del Maestro Masón, haciendo alusión al tiempo que Salomón empleó a la dedicación del Templo, hasta darle su perfección. El Maestro adquiere esta edad subiendo por la escalera en espiral de siete peldaños. Esta escalera hace alusión a las siete ciencias o artes liberales que un buen masón debe estudiar (Poesía, Música, Dibujo, Aritmética, Geometría, Astronomía y Arquitectura), a las siete virtudes que debe de practicar (Fe, Esperanza, Caridad, Justicia, Templanza, Prudencia, y la séptima aún desconocida para el Maestro), a los siete vicios de los que debe huir (orgullo, avaricia, envidia, celos, gula, cólera y pereza), y a los siete dones espirituales que debe pedir a Dios (de los cuales los tres primeros son la inteligencia, la sabiduría y el discernimiento).

Vemos pues, que el simbolismo de la Rosa junto con el número siete representado en sus pétalos, nos da una idea bastante exacta del tipo de Templo que queremos construir, ya sea éste simbólico o externo o bien arquetípico o interno.

Queda esta Rosa situada en el centro de la Cruz del Temple, estando sostenida así por los ideales caballerescos que impulsaron en su día a los Pobres Caballeros de Cristo, constituyendo un conjunto armonioso que representa el corazón de la francmasonería caballeresca y espiritualista.

El emblema está defendido por cuatro espadas. La espada es el símbolo de la fuerza que el Maestro Masón adquiere por la victoria sobre sus pasiones y la sumisión de su voluntad a las leyes de la Justicia. Es de esta forma como se ha de defender el Templo contra los ataques de la ignorancia y contra toda tentativa insidiosa.

Por último, aparece bordeando toda esta parte central un sector circular de color verde en medio del cual se representa una cadena dorada de quince eslabones. El verde simboliza la fecundidad, la regeneración, la esperanza y la vida en medio de la cual se sostiene esta cadena dorada compuesta por el mismo número de eslabones que luces de orden iluminan la cámara de Maestros. Queda así representada la verdadera fraternidad masónica amparada por los cinco puntos de perfección que todo Maestro Masón conoce y practica y que conducen de forma clara e inequívoca a propagar sobre la tierra una verdadera fraternidad de hombres buenos y justos para Gloria del Gran Arquitecto del Universo.

La inscripción que sintetiza toda la filosofía de este simbolismo, su finalidad y su objeto, reza así: Versatur in Templo Deus (Dios habita en el Templo). Este ha de ser el resultado final de nuestra construcción. Que Dios habite realmente en medio de nuestros trabajos masónicos para que sean conducidos con verdadera sabiduría, fuerza y belleza, y sincrónicamente en lo más profundo de nuestros corazones transmutando nuestros cuerpos en verdaderos Templos Vivos dignos de su más sublime Gloria. 

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